Exposición: Veracruz, a la luz y a la sombra- Martha Castellanos.

Veracruz, a la luz y la sombra

Martha
Castellanos obtuvo una beca del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes con
el proyecto Veracruz, a la luz y a la sombra
que le ha significado ocho meses de trabajo y quince grabados en formato 30×40
centímetros, cada uno.

En
sus grabados predominan técnicas mixtas, carborúndum, aguafuerte, aguatinta
matita, transgrafía, azúcar, puntaseca, el uso del ácido directo, el barniz
líquido, el aguatinta con alcohol y la cera.

La
Beca que otorgó el Fondo en la categoría Promoción del Patrimonio Cultural
tenía como propuesta el centro histórico de la ciudad y puerto de Veracruz, de
ahí que los 15 grabados impresos sobre papel tipo Arches, doble cara De Ponte,
300 gramos y con colores tierras del amarillo al rojo, tengan las referencias
que denotan y los títulos que connotan: Registro Civil y Monumento Lara, Isla
de Sacrificios, Faro Venustiano Carranza, Antigua Estación de Ferrocarriles,
Monumento a Agustín Lara, Danzón y Presidencia Municipal, Correos, Barrios de Tablas
La Dacha, Exconvento Bethlemita, Baluarte de Santiago y palmera,
Baluarte de Santiago vestigios, San Juan de Ulúa, Primer globo aerostático y ex
Convento Franciscano, Monumento Carranza y barco.

Memoria y carcoma

Martha
Castellanos vacía a la ciudad de su memoria. No camina nadie por esas calles y
algunos de los edificios solo están habitadas por sombras, apenas espectros,
formas ya idas para siempre. Los únicos cuerpos que cortan la
horizontalidad  de las líneas son
estatuas, un yelmo vacío con su rigidez de piedra, bronce y fierro.

Ninguno
de sus edificios tiene testigos, y cuando hay uno, es el cuerpo sin conductor
de un automóvil. Nada hay que turbe a esas piedras, excepto el lento caer de su
carcoma, la entrega imposible, sin grito, a su solipsismo.

Nadie
pasa junto a esos muros, puertos y ventanas. Esas construcciones inmensas no
son un lugar para nadie, no son una referencia para ninguna memoria, es decir,
no las habita ninguna experiencia sensible, la respiración de una duración.

IV

Martha
Castellanos logra retirar cualquier posible liturgia de los lugares históricos,
borra hasta la piedad misma que puedan hacer nacer. Ni en el mapa, pero tampoco
en un territorio. Lo que está en esos grabados es solo lo que en ellos también
está: tierra de nadie, edificios de nadie, en los que solo vive un volumen, un
trazo, una carcoma.

II

Martha
Castellanos vuelve bulto, reduce a puro volumen la arquitectura, le quita toda
posibilidad de convertirse en un sitio. Consigue con ello que los edificios sean
de cualquier lugar, es decir, de ningún lugar. Evita así cualquier
empoderamiento en un nombre, una fecha, un lugar. Cada grabado, sobre todo
Baluarte el Faro, Isla de Sacrificios, se vuelve anónimo, hace que no sea
posible su predicabilidad o que si se habla o dice algo sobre ellos no sea
distinto que hacerlo sobre el mar, una montaña o un abismo.

V

Martha Castellanos
procede desorganizando cualquier jerarquía, hace titubear cualquier virtualidad
existente en las líneas al volverlas manchas, al desdibujar los perfiles o los
contornos. No hay ningún lugar de verdad, le pone fuego a cualquier
permanencia, todo vive inacabado, agrietado, entre lo inorgánico y lo orgánico.
El orden oscila y se subvierte cualquier certidumbre.

VI

¿Cuál es el enigma
último? Se preguntaba Marsilio Ficino. El poder de transformar una cosa en
otra. Castellanos consigue, siguiendo una a una las líneas de sus edificios y
monumentos, convertirlos en la interrogación de lo que en ellos se abisma. Y es
que en primer lugar la carcoma reside en nuestra propia memoria. Imposibilidad
de la memoria, tal parecería el  juego
estético último de esta grabadora.

                                   VII

Cada pieza abisma,
hunde hasta la médula la imposibilidad de habitar una memoria de los lugares y
los sitios. Por eso los vuelve espacio, volumen, bulto. Dice la verdad
verdadera que hay en cualquier estatua, en todo aquello que ponemos de pie.

Al volver bulto,
trazo escueto, mancha la arquitectura, vacila, Castellanos consigue una
presentación no naturalista de la imagen subjetiva del mundo visible y lo hace
a través de una acentuación de los límites del propio grabado. Tensa las
técnicas, las obliga a pasar por una suerte de paroxismo de sus posibilidades
últimas, sin volverse dibujo o pintura.

Hay en estas
piezas ejemplares una terribilidad, un furor, una exasperación: La artista sabe
que no se levanta impunemente el velo de la representación natural sin alzar
también el propio.

¿Por qué detenerse
en una forma más que en otra si la realidad se mueve en permanencia, se abisma,
se vacía? Martha tiene el valor de ponernos -sin contemplación alguna – frente
a ese abismo.

Textos de Eligio Calderón

Diciembre del 2002

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